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Un relato de vida.
Un relato de vida.
Como todas las historias de mujeres, esta no es una sola historia, son muchas.
Como todo relato de nuestro linaje materno está lleno de dichos populares, consejos, sabiduría, peregrina- ciones a la catedral y red de amigas.
La brisa inicial de este relato autobiográfico se trans- forma literalmente en unos de los huracanes más poderosos que arrancó a nuestro paraíso guerrerense, de la faz de la tierra. Es en ese momento, en eso segun- dos hacia el infierno, donde se nos permite perder la fe en Dios, porque la fuerza del huracán arrasa con todo lo que tiene vida.
Pero dentro de todas las historias, de este valiente relato que nos regala Marbella hay una muy particu- lar, que une y aglutina, que amarra y sobrevive; las enseñanzas de la madre, la de la escritora, la misma madre de todos nosotros.
Las historias orales que ella ha construido son nues- tras sofisticadas brújulas para transitar nuestras vidas de esa sabiduría maternal, nos queda: el bien y
el mal, lo justo y la injusticia, lo que está arriba o lo que está abajo. La construcción de nuestro universo, que ningún fenómeno natural podría desaparecer. Es el hilo conductor de todo este relato, con el que se hila toda la historia que están a punto de leer. Es el mismo hilo, con que esa madre enlazaba a toda su enorme familia, es el mismo hilo que le deja a su hija para coser sus 11 heridas.
Cada palabra que construye esta trama está llena de dulzura, de espejo, de ironía, de límites y de vigi- lia. La fuerza detrás de cada miembro de esta fami- lia está propulsada por la sabiduría de la madre, estando aquí o estando allá. Por eso ella le envía a la hija (desde el allá), una testigo, una sobreviviente, para calmar su angustia, su rabia y la desesperación de no saber qué pasó. La madre le envía a una vecina y habla a través de su voz, le cuenta lo sucedido para que esté tranquila.
Ella es un pulpo resguardándolo todo y no pidiendo nada. Por eso ella se queda, para que no la busquen, escoltada, perfectamente bien equilibrada, por dos de los suyos, los suyos de ella. El resto, los demás, danzan alrededor del padre, sobre caballitos de mar, rodeándolo, cuestionándolo, molestándolo y entrete- niéndolo en lo más tibio del océano, del tan mal lla- mado Pacífico.
Y Marbella escribe, con tinta de calamar, y les da voz a los suyos; como tributo, como cordura, como alqui- mia, para aquéllos que están todos juntos organizando
un nuevo club de la orquídea, donde ya no hay sonido, donde todo es vida.
Andrea Camarelli Papatryphonos
Artista plástica y Escritora
Ciudad de México,2019